miércoles 4 de noviembre de 2009

VEREDICT

El teniente del batallón de Castillejos Jorge Calero Vallezoso se había colocado allí donde la barra formaba un ángulo recto, de tal modo que no se sabía muy bien en que sección se encontraba, si en la zona sur o en la oeste. Esta sensación de no saber donde se encontraba en el espacio parecía encajar muy bien con su estado anímico. Durante las últimas semanas se había consumido en un mar de dudas, se había visto atrapado por una constante sensación de incertidumbre, una vaga impresión de que las cosas no iban por donde debían. O más bien que las cosas no eran como debían. Así, con la vista perdida, su nariz ganchuda perfilándose en el horizonte de un rostro sin relieve y sus finos labios apretados que dibujaban una perenne media sonrisa, el teniente se regalaba con una caña y una tostada de sobrasada con queso de cabra.

A su lado un hombrecillo de pelo de estropajo afectado de calvicie, sonrisa bobalicona y mirada vacuna soltaba una perorata infame acerca del mal estado de la educación en nuestro país. Que si el nivel es bajísimo, que si como puede ser que a un alumno que va a estudiar Filología Francesa se le obligue a estudiar matrices y derivadas y lo mismo pero al revés, o eso decía, en el caso de un futuro estudiante de Química. Por supuesto este personaje era profesor de instituto y agobiado por su trabajo había decidido tomarse unas cañitas con su buen amigo el teniente y de paso atacar uno de esos rollitos rellenos de repollo, carne picada y salsa agridulce.

El teniente parecía escuchar con atención la emotiva charla de su buen amigo, pero en realidad no le importaba lo más mínimo. Como en un extraño caso de desdoblamiento astral su mente divergía entre sus propias reflexiones y aquellas que le llegaban de otra parte de la barra. “ Es cierto, mucho ha cambiado en el ejército desde que quitaron el servicio militar obligatorio, y claro, la incorporación de la mujer…bueno, pues ha sido el espaldarazo definitivo para un cambio de estilo…un nuevo ejército se podría decir ” “ La nueva España te digo, ese es el futuro. Ese punto es innegociable y creo que estamos de acuerdo” “ Pero ¿qué papel jugamos hoy en día? Buff…y más todavía con la que se está liando últimamente…” “ No, te digo que ese no es el camino, no podemos fomentar el odio como única vía de reconciliación nacional, es necesario establecer la nueva vía de la Hermandad y eso solo lo lograremos con una nueva retórica nacional.” “ No puede ser que los políticos jueguen de esa manera con un estamento como el nuestro. Que si hay guerra, que si misión de paz, que si vamos a ayudar, que si no entramos en combate, que si mueren nuestros compañeros y amigos y aquí solo buscan votos, el tremendo gasto que supone y la crisis económica,…¡qué jaleo! ”.

De pronto el teniente alzó la cabeza y vio a dos jóvenes trasegando cañas y calamares fritos. El uno le increpaba al otro duramente, mientras que el que parecía más sensato y también menos bebido mantenía la compostura y seguía dando válidos argumentos a su razonamiento. “Perdona –dijo el teniente- ¿decís que en el ejército se pega?, porque eso es mentira” El tipo más borracho respondió “ No, hablábamos de la grave crisis social y cultural que azota nuestro país y nos preguntábamos quién de verdad está dispuestos a hacer algo y por lo que sabemos no se puede contar con el ejército” “Pero el ejército está para salvaguardar la integridad del territorio español y para ayudar a defender la justicia y la paz en el extranjero, y en eso cumple con su misión de forma impecable” El tipo sensato trató de razonar: “ Entiendo su posición caballero, y veo bien la función del ejército, pero sepa usted que España está en peligro. Y se lo digo porque a nadie le interesa ya nada de nada. La gente ha olvidado los sonetos de Quevedo, ya no se escucha El Amor Brujo, los ciudadanos se ven sometidos a las tropelías y los abusos de la Administración, de las empresas privadas, de la explotación laboral, del incremento de precios y a cambio se les da el soma de Huxley en forma de vanas diversiones, cortinas de humo y lecciones descafeinadas de moral y ciudadanía. Creo que ya es hora de que nos devuelvan lo que es nuestro. De cada uno esté en su sitio y una vez allí que rece a quién le de la real gana. Y para ello queremos reconstruirlo todo y nos preguntábamos que papel puede jugar el estamento militar en todo ello, más teniendo en cuenta que hoy en día se compone de sectores más moderados que impedirían la formación de un gobierno dictatorial, pero claro, chocamos con instituciones fáusticas como la Unión Europea, la carta de los Derechos Humanos y como no, las instituciones democráticas bien construidas para que los de siempre se perpetúen en un poder que no les pertenece pues no representan de ninguna manera el sentir general, y si me dice que sí que lo hacen pues son unas justas elecciones le diré que en general la gente no siente nada de nada”.

Visto lo visto el teniente decidió seguir la conversación por otros derroteros hasta que su amigo con el pelo de estropajo vació su vaso de un trago, pagó la cuenta y dando ligeros puntapiés a su compadre le sugirió largarse de allí cuanto antes. Es posible que incluso se le pasase por la cabeza llamar a la policía militar, pero eso no lo puedo garantizar. Se despidieron bruscamente, sin dar la mano ni intercambiar nombres y salieron a la calle. En su camino a casa el teniente empezó a verlo todo un poco más claro. Aquella velada había arrojado un poco de luz sobre sus dudas. Decididamente iba a dejar de frecuentar bares.

viernes 30 de octubre de 2009

A LESSON TO LEARN

No soy capaz de recordar la última vez que me deje embargar por esa dulce sensación que produce la ira cuando atraviesa el corazón y, como un mar embrutecido, sin atender a razones golpea a diestro y siniestro, patalea, se revuelca por el suelo, aúlla, no deja títere con cabeza, rompe la vieja vajilla heredada de la abuela, levanta su dedo corazón, se sube al tejado y les recuerda a todos sus semejantes que las madres que les trajeron al mundo tuvieron actitudes innobles en su juventud y por tanto su existencia no es más que un diminuto error en esta necia deriva que es la corrupta vida humana.

No, no lo recuerdo. Quizás estaba borracho o quizás fue de verdad hace tiempo. ¿Es hora entonces de volver a la carga? ¿La hora de la noche afilada? ¿De calzarme mis botas de caña y azotar los ojos de los caballos como decía Nekrasov? ¡Cabalgad! ¡Más deprisa! Esta noche no tiene final. No hay horizonte que nos ponga límite. ¡Tú, Azote, y tú también Chasquido! Mostrad la fuerza de vuestras patas y ¡cabalgad! Que sea la fuerza de vuestro poderoso corazón y de vuestra alma guerrera la que arrastre esta carroza por las profundidades cavernosas de esta noche. Ah, tan sólo el Diablo lo sabe. Pero el condenado es astuto. Astuto y sabio porque calla y no dice nada. Si esta noche tú, destino, nos llevas a su morada lo celebraremos con vino blanco y ostras, pues bien habrá merecido la pena el trayecto.

Abrid bien las orejas desgraciados, sacudid el polvo de vuestras ropas y con los ojos como platos contemplad por una vez. Cuántas veces habéis oído aquello de oídos necios. Se cuentan por centenas. De todos es sabido que la práctica de la política produce sordera, el acto de votar ceguera y la militancia activa invalidez. Pero si lo sabíais, ¿por qué entonces os dejasteis llevar por esa cosechadora de infamia que es el aparato político? Esa monstruosa creación salida de la mente del hombre. De esa máquina perversa que Dios, el destino o quién quiera que sea nos dio y para esto nos sirvió. Nunca tal idea saldría del alma de un hombre, porque los que lo idearon simplemente no tienen alma. Muchos son carne muerta, polvo, criadero de gusanos, y otros tan solo futuros sacos de pienso. Un alma es pura o no es alma. Es el corazón lo que se pudre y engendra los malos sentimientos como el orgullo, la soberbia, la prepotencia y la ira sin control. Se aturulla con razones que no entiende.

¿Cuándo aprenderéis criaturas? Mejor, ¿cuándo aprenderemos todos? Con lo sencillo que es y lo difícil que muchos se empeñan en hacerlo. No quiero adoctrinaros, maldita sea, pero es que esto está lleno de hijos de puta y gentes de mal, sin alma, sin oficio ni beneficio, sin cultura, sin paciencia, sin interés, con un ego tan inflado que nunca en una eternidad lo llenaría toda la materia del Universo, siendo por lo tanto foco constante de inseguridades, desgracias, penurias, depresiones y malestar que se contagia de unos a otros. Cada uno se convierte en un contenedor ambulante de normas, reglas y manías, que al juntarse y mezclarse unos y otros chocan una vez y otra vez. No hay que irse al Oriente, ya lo decía Camarón. Como el agua, como el río que fluye y acepta su lugar sin por ello renunciar a su esencia.

Yo también soy pecador, así que nos veremos todos en el infierno. Escuchad, me cago en la madre que les parió a todos. Necias necesidades de airear los intestinos falsos y corruptos. Vanas mentiras que buscan la caricia más falsa aún si cabe. Idiotas de librillo, wikisabios, relamidos, tunantes, recolectores de mininoticias que piensan que saben algo, profesores iletrados que tratan de ganar prosélitos, emisores de ondas psicotrónicas, estudiantes de estadística, bastardos en general, condenados a definitivo castigo de la indecencia. Y con todo esto ¿qué quiero decir? Muy sencillo. Dios nos da, Dios nos quita. Nos puso oídos, ojos y nariz. Pues eso. El que quiera que quiera y el que no…sálvese quién pueda o como ya decía Platón ¿para que me voy a mojar con la lluvia si nada voy a conseguir? Pues eso, que nunca aprendo.

lunes 5 de octubre de 2009

A REMARKABLE FINDING

Ocurrió la semana pasada. Andaba yo en La Brasa, poniéndome del revés con un refresco de cola descafeinado, bajo en grasa, sin azúcar y sin burbujas cuando sentí la llamada de lo salvaje. O de lo natural, según se mire. El caso es que mientras le daba la vuelta a mi vejiga y la escurría bien escurrida con el fin de no dejar ni rastro de ese infecto líquido que había tomado y de paso mejorar la absorción de los compuestos vitamínicos, encontré apoyado sobre la cisterna un cuadernito de esos de canutillo con las tapas desgastadas y con un nombre grabado: Andrés. Como se suele decir me faltó tiempo para esconderlo debajo de mi camiseta, pagar mi consumición, decirle a mis compadres que tenía prisa porque trabajaba al día siguiente, cosa que era mentira, e irme a mi casa para, acomodado en mi sofá de patas talladas al estilo moderno, es decir lisas y lasas, disponerme a leer este curioso cuadernito. Y esto es lo que averigüé.

Resulta que Andrés, muy al contrario de lo que se piensa, es hijo de padres castellanos. Su padre de Zamora y su madre de Palencia. Sangre fría, castiza, bizarra, gallarda, yerma, seca, gélida y árida es esta. Y cómo no, ancha. Le tocó ser el mayor de cuatro hermanos y de ahí su porte frío, distante y sus aires de superioridad. Por motivos de trabajo la familia se fue a China, a la provincia de Huang-Shu, cerca de la costa del mar Ladino. Allí Andrés aprendió el idioma, se familiarizó con las enseñanzas del Tao, aprendió cocina china, se amagó con varias muchachas y entabló una profunda amistad con un tal Shiao-Pei, estudiante de Relaciones Culturales en la Universidad local. Su familia fue un modelo de integración social. Tan sólo les faltaba rasgarse los ojos y pintarse de amarillos para ser del todo chinos.

Esta situación del todo excepcional no se puede comprender sin conocer los asuntos en los que andaba metido su padre. Poseía un negocio de importación…digamos…de una manera sutil…de…carne. Si, esa es la palabra. Transportaba carne de China a España en barco. El viaje duraba aproximadamente dos meses, en los cuales la carne no era tratada como era debido. No recibía comida ni agua y se hacía todas sus necesidades encima en un habitáculo de dos metros cuadrados. Una vez en España, esa carne era sabiamente rentabilizada aplicando las teorías económicas Marxistas, bien aprendidas por ciertos gobernantes chinos. Dicho negocio reportaba a su padre y a la familia jugosos beneficios y no poco respeto. En definitiva era lo que conocemos como gente de bien.

Pero, ¡ah, cruel destino! La familia cayó en desgracia por una torpeza. Resulta que una noche en la que se celebraba una gran fiesta en casa de los Sañudo, pues tal es el apellido de Andrés, ocurrió un pequeño desastre. Andrés bebió más de lo debido y no tardó en organizar todo un espectáculo. Un verdadero escándalo. Primero aseguró que en su entrepierna tenía una varita mágica capaz de convertir a cualquier mujer en una auténtica cerda, luego lanzó bolitas de carne de pollo frito al escote de la hija del gran Hu-Tang-Jao, mafioso, traficante y más conocido en su ciudad como Iracundo Jao, y después se puso a cantar la Internacional utilizando la letra de una popular canción picante. La lista de las imbecilidades cometidas por Andrés esa noche es larga y ocupa cincuenta páginas en su diario. Resumiré pues lo que de verdad interesa, que es el desenlace de aquella noche fatal.

Los grandes señores invitados a la fiesta se sintieron no solo indignados, sino directamente atacados e insultados. Por ello, a la semana siguiente pasaron a la acción. Sus dos hermanas fueron violadas y descuartizadas, su hermano de diez años fue abandonado en el desierto del Gobi sin comida ni agua y sus padres fueron obligados a dispararse el uno al otro. Su madre dudó un instante y cayó fulminada. Su padre se echó a llorar al ver lo que había hecho y trató de acabar con su vida, pero ya no había balas. Y antes de morir con el cuerpo lacerado por la tortura, tuvo que comer los restos de sus hijas, cosa que le llevó una semana completa. Andrés, no se sabe cómo, consiguió escapar y regresó a España como lo que era: un trozo de carne.

El resultado de este periplo es lo que todos o casi todos sabemos. Andrés se hizo con el control del tráfico de carne en cierta localidad de España y como tapadera abrió un típico bar español pero con ciertos toques orientales. Supo combinar ambas esencias de forma sabia, y prueba ejemplar de ello es el rollito relleno atravesado por algo tan español como un palillo. Esta, queridos amigos, es la historia que se esconde detrás de Andrés. Esto explica la existencia de personajes emblemáticos y por otra parte arquetípicos como la guarrona, el chino del BMW, el corte de pelo de Andrés y su tufillo a colonia cara, los cubatas de infarto, los platos de jamón a cinco euros, las constantes reformas, el menú de barbacoa, el salón secreto que nadie a visitado jamás y los parroquianos, desde el director guión barra entrenador hasta los rumanos pasando por la vieja ludópata y por supuesto nosotros mismos. La cuestión ahora es ¿vamos a seguir yendo a este garito?

domingo 6 de septiembre de 2009

GUILTY

Desearía hoy contar lo que me ocurrió hace unos pocos días cuando me encontré con uno de nuestros camaradas. Él, seguramente dejándose llevar por su impetuoso ánimo, comenzó a despotricar a diestro y siniestro. “ ¡Camarada! – dijo- esto es un atropello. El maldito hijo de mala madre se niega a trabajar.” “Calma camarada, explíqueme lo sucedido. ¿Qué es eso que tanto le altera el espíritu?” “Pues verá, hace unos días que quiero visitar una librería y ¡no se lo pierda! Está siempre cerrada. Dos veces fui a lo largo del mes de Agosto, pero estaba cerrada. Resulta que el librero se toma el mes entero de vacaciones. No se conforma con dos semanas no. Necesita el mes entero y natural, de uno a treinta y uno. Bueno, pase el caprichito del señor, pero lo que me subleva es que el pasado sábado por la mañana, (se entiende que ya había pasado Agosto) me dirigí en pos de aquel libro que tanto me interesaba y ¡figúrese! Estaba cerrada. Pues ya es el colmo que después de un mes entero sin dar ni palo, no se digne a abrir un triste sábado por la mañana. Camarada ¿no le parece a usted irritante?”

“He ahí a un hombre libre” respondí. “¿Un masón?” “No hombre no, un masón no. Un hombre libre. Un hombre que se gana la vida de forma honrada con su librería, pero que no ha de rendir cuentas a nadie y por tanto trabaja cuando le place. Dime, seguro que cierra para comer” “Pues eso no lo se yo, pero casi seguro” “Verá camarada, hombres como estos hay más bien pocos. Le sugiero que se dirija a la librería en un día y hora razonable, se haga con ese dichoso libro y hable con él. Seguro que le dará algún buen consejo.”

Nuestro camarada pareció satisfecho con la respuesta y yo seguí mi camino mientras reflexionaba en el hecho en si. Un hombre libre…Claro, ojala todos fuéramos como él. Si todos, absolutamente todos, al ir a una entrevista de trabajo al oír que se exige trabajar fines de semana dijese: “De eso nada, adiós muy buenas.” ¿No nos iría mejor? ¿No tendrían que ajustarse las leyes del mercado a ese patrón? Imaginen que nos ponemos de acuerdo y conseguimos que existan días para descansar de todo. Descansar del trabajo, descansar de ir a comprar, descansar del gasto superfluo, descansar del perpetuo consumo, simplemente…descansar. Sentarse a leer, pasear por el parque, charlar con unos amigos.

¿Dónde está ese primer adalid que dijo no? Seguramente no está y es que ya lo dijimos: el ser humano se deja llevar por el servilismo, por que piensa, egoísta el, que eso va en su propio beneficio, cuando en realidad no hace más que perjudicarle a él y a al resto de sus semejantes. Por ello, pagamos todos. El poder de un pueblo reside en su totalidad no en la democracia tal y como la entendemos hoy que no hace más que dividirnos y enfrentarnos. Nos torea, nos marea y nos confunde a su gusto y para su beneficio. Si todos renunciamos a ese servilismo, al esclavismo, a aceptar condiciones miserables de vida, entonces quizás aparezca la luz al final del túnel.

Pero mientras tanto seguiremos dando palos de ciego, pero palos al fin y al cabo. Y eso al menos a algunos les basta. Hasta que no nos demos cuenta de que todos somos culpables, nada cambiará. El día en que la culpa de todas las miserias y desgracias sea compartida por todos, pues igual de culpable es quién actúa de mala fe como el que lo consiente y más todavía el que transige y pone sus posaderas en pompa, será el día en que el hombre de verdad despierte a su ser. Lo repito: todos somos culpables. La cuestión es ¿quién está dispuesto a dar el primer paso? Nadie. ¿Por qué? He encontrado que la respuesta a esta pregunta tan esencial es que el hombre no tiene fe en sus semejantes y es por ello que prefiere ahogarse solo a que le digan cómo lo tiene que hacer.

lunes 24 de agosto de 2009

A THOROUGH INVESTIGATION

Quisiera hoy sacar a la luz un reciente estudio realizado por uno de nuestros camaradas. Sus investigaciones tienen toda la garantía que ofrece el moderno método científico: ninguna. Pero sus conclusiones son del todo apabullantes. Esto es: el ser humano tiene una tendencia de carácter positivo al servilismo. Esto no solo tiene relación con que sea un ser vil, no. Es más bien con la tendencia a postrarse, a ponerse de hinojos, a inclinarse ante algo: un ídolo, una idea, un concepto, una persona.

El ser humano dotado de libertad prefiere inclinarse ante algo antes que afrontar el duro ejercicio de responsabilidad que conlleva el uso del libre albedrío. Algunos se inclinan del mismo modo que lo hicieron sus padres y otros encuentran otros lugares en los que dejar su libertad. Hay que entender esta aquí no sólo como la capacidad de elegir, sino como el hecho diferencial definitivo que nos convierte en seres humanos y no en meras marionetas.

Paso ahora a referir parte del estudio realizado. Al preguntar a una persona cómo se considera a sí misma estas fueron las diversas respuestas: yo soy de izquierdas, yo de derechas, yo católico apostólico y romano, yo musulmán, yo ateo, yo librepensador, yo español, yo negro, yo vasco, yo francés, yo ciudadano del mundo, yo comunista estalinista, yo falangista, yo punki, yo moderno. También, al preguntar qué libro tienen en su mesita de noche, y entiéndase la pregunta en su sentido metafórico, es decir su obra mejor valorada, más leída o influyente, las respuestas fueron muy variadas: la Biblia, el Corán, la biografía de Sabino Arana, yo la de Bakunin, el Kamasutra, la vida de Pablo Iglesias, Mis ocho años de gobierno, Así habló Zaratrusta, la guía de la tele, Business for Dummies, Ignacio: ese necio. Como ven, un amplio elenco de lo más selecto.

Qué se deduce de estos comportamientos. Que el hombre necesita adoctrinarse. Y si no lo hace por propia iniciativa lo hará de forma inconsciente. Se llena a sí mismo de etiquetas con las que se presenta al resto de la gente y en base a las cuales rige su comportamiento. Un ejemplo: está demostrado que si un ateo trata de explicar la teoría de la evolución de Darwin a un creyente de la fe cristiana, este último invariablemente se ríe y compadece al pobre ateo.

Esas etiquetas son las que marcan sus inclinaciones y nos dan una pista de dónde exactamente se inclina, se arrodilla esta persona. El objetivo de este subterfugio no es otro que delegar el uso responsable de la libertad y a la vez disimular la condición humana. Un individuo tiene antes una conciencia de nación, de clase social, de raza, de pensamiento político o religioso, de tribu urbana que de su propia humanidad. El día en que todo este cambalache desparezca será el día en el que podamos entendernos y arreglar nuestros problemas. Pero mientras sigamos empeñados en defender lo que creemos que somos y no lo que verdaderamente somos no se resolverá nada.

Estas son las consecuencias esenciales a las que nuestro querido camarada ha llegado. Su intención es hacerlas públicas y que todos se puedan beneficiar de estas conclusiones que según él ayudarán a mejorar la vida en el planeta. Pero a la vez tiene un pánico terrible. ¿No será todo esto algo más ante lo que inclinarse? ¿Un motivo más de disputa? ¿Una nueva forma de sumisión? ¿Una esclavitud disfrazada con buenas intenciones y nada más? ¿Otra barrera a la comunicación? Desafortunadamente la respuesta a estas preguntas ya no la podemos dar nosotros.

martes 18 de agosto de 2009

SAY BITCH DO

Sencillo jeroglífico. Di, puta, do. Me pregunto de dónde vendrá la palabrita de marras y si será cierto que, al igual que las putas, ganan dinero jodiendo. Desgraciadamente me temo que es así. Y lo peor no es que ganen más que suficiente durante el tiempo en el que ejercen su función. El problema es que, cuando dejan de ejercerla, ¡también siguen cobrando! Y pueden dedicar su tiempo a lo que les plazca, que suele ser en muchos casos vivir del cuento aprovechando la gran cantidad de amigos, contactos y gentuza variada que han conocido durante el tiempo en que han estado holgazaneando en fiestas y convites y engordando el culo en hemiciclos, conferencias y chiringuitos de playa, si la dicha es buena. Y no contentos con ello, encima son intocables por la ley. El sacrosanto Imperio de la Ley se lo pasan por el forro de los cojones. Perdón por la grosería. Pero no van por ahí los tiros. No son los tiros de farlopa que vuelan por los retretes. No. Van por donde Tejero: ¡a la cúpula del Congreso!

Me pregunto yo. ¿Qué lleva a un individuo a querer representar a los españoles? ¿A dar su vida y su tiempo en algo que parece tan tedioso y aburrido? Quiero pensar que hay gente con ilusión, que en un principio cree de verdad en la posibilidad de cambiar las cosas. Gente con ideales de justicia y de libertad. Personas dispuestas a dejarse el entrecejo para que nosotros, españolitos de a pié le joda a quien le joda, podamos vivir con la seguridad de que nuestros hijos tendrán una educación seria, acceso a servicios sanitarios como Dios (si, amigos, con mayúscula) manda y para nosotros, ay angelicos, una jubilación que nos permita jugar al ajedrez en el parque los días de sol sin preocuparnos porque la nevera esté vacía.

Pero claro, el alma humana es frágil y se corrompe con suma facilidad. Qué sencillo resulta doblegarse y humillarse. Así acaban todos ellos, y nosotros, legión de necios, se lo permitimos. Ellos van a lo que van. Un diputado debería sentirse pagado con tener la posibilidad de servir a su país. Que tenga un sueldo digno mientras tanto lo comprendo. Pero ya vale de prebendas. ¿Quién se creen que son? ¡Señores feudales! Basta ya de pamplinas. Cuando acaben de servir, que se pongan a trabajar como todo hijo de vecino. Por que no son más que eso, nuestros criados. La culpa es nuestra que les hemos elevado a lo más alto. Un saludable gobierno reformista que buscase el bien del país haría una limpieza en profundidad de todos aquellos que no hacen más que chupar de la borrega, mientras que nosotros le damos a la sopa boba que nos ofrecen.

Mi propuesta es que se acabe con tanta tontería. Lo primero es terminar con la militancia política, cuna de sectarismos y dogmatismos que a nada bueno conducen. Ningún diputado o senador debería de tener ideología política. Coño, para ponerse de acuerdo en cuántos médicos necesita un hospital no hay que ser rojo o azul. Tan solo hay que tener sentido común. Ese sentido tan poco común y que de nada vale si no lo tiene el vecino. Se necesitan cuestionarios de aptitudes y un análisis profundo de las motivaciones de cada individuo. ¿Viene usted a trabajar o sólo por la pasta? ¿Cómo puede ser que haya gentes sin estudios, sin formación, terroristas del lenguaje, sectarias a más no poder manejando asuntos que claramente les vienen grandes? La explicación se llama mamoneo político. Nos ofrecen una bolsa cerrada con los candidatos y ya está. Te guste o no te guste es lo que hay.

Votantes de base ¡despertad! Sois tan culpables del desastre como ellos. Con vuestra persistente insidia permitís que vivan como grandes señores. ¿Hasta dónde les vais a permitir llegar? ¿Cuándo echará el cierre esta fábrica del disparate? Con lo sencillo que es todo. Ellos están tranquilos en sus sillones de cuero porque saben como entreteneros y mantener vuestra mente ocupada. Son maestros del despiste, fabricantes de cortinas de humo. Culpables somos todos, que lo hemos permitido. Que esos hijos de puta dilapiden según su mejor parecer lo que es de todos. Pero insisto, tan culpable es el que roba como el que lo permite. Y esos sois vosotros, votantes de base incapaces de analizar la circunstancia y pendientes siempre de que no gane el enemigo. El uno por el otro, la casa sin barrer. País de burros.

martes 4 de agosto de 2009

NEVERMIND

Mundo moderno, sociedad de la información, desarrollo sostenible, nuevas tecnologías, derechos humanos, seguridad, primer mundo, democracia, libertad, España. Vivimos en la gran época del hombre. Las sociedades civilizadas y avanzadas han llegado a su estado natural de paroxismo extendido en el tiempo de forma infinita. Esto es, el clímax de nuestro avance social se mantiene fijo, inalterado, impasible ante las adversidades, las críticas y los golpes del enemigo sectario, del asesino de la libertad, del terrorismo, del extremismo, de los totalitarios que nos amenazan con soflamas de índole moral, que hablan de valores y no de moral laica, destilada de lo más progre, cutre y rancio del resentimiento de los bautizados, confirmados y nunca confesados. Orejas para qué os quiero.

Cierto es que tenemos libertad. Pero en estos tiempos, ya no locos sino rematadamente estúpidos, la libertad ya no es una cuestión ética. No se plantea en términos de qué es la libertad, de qué nos sirve y sobretodo qué es lo que hace al hombre verdaderamente libre. Nuestra libertad es elección. Eso se no explica de pequeños. Podemos elegir. Tenemos libertad de acción, libertad de elección, libertad de movimiento, y si alguno se aviene a pensar, libertad de pensamiento. No se engañen los creyentes en la democracia, ésta siempre ha existido. Otra cosa es la libertad de expresión. Cuando somos pequeños y nos explican la historia, nos hacen creer que es lo mismo (pensamiento y expresión) para magnificar el terror del pasado. Nadie puede callar esa voz, nadie. Pero, me voy por las ramas…

¿Qué estaba diciendo? Ah, si, la libertad. Mi libertad acaba donde empieza la tuya. Es una definición razonable, que debería fomentar la convivencia y el espíritu de vecindad. Pero cuando tu vecino es un hijo puta desconsiderado, uno deja de creer en eso. Vivimos en una tierra libre. ¿Libre? ¿Está acaso libre de la tiranía de los corruptos? ¿Libre de aquellos que a golpe de puchero, caldero, marmita y propaganda diseñada para el más memo del barrio se perpetúan en el poder? ¿Libre de los dictadores de las modas? ¿Libre de putas en televisión, canallas desgreñados, corruptores de menores de treinta? ¿Libre de publicidad en todas las esquinas? ¿Libre de parques temáticos, ideas tontas descafeinadas, cerveza Light (por el amor de dios en qué estamos pensando), libre de censura?

Así podríamos estar un buen rato. ¿De veras? Si. Es cierto que disfrutamos de una sana libertad. Puedo pasear por la calle, estar en el bar, sentarme en el parque, ir en bici, hablar de política, de la guerra, de literatura, verter opiniones fundadas o infundadas, construir teorías bizarras, gritar, montarla,…y la censura será solo la que mi pudor mi imponga. Es decir, dependerá de dónde y con quién me encuentre. Hay gente que se pone nerviosa según que cosas digas. La autocensura no morirá nunca camaradas. Sin embargo no dejo de pensar que nos quieren ahogar, con sus normas y más normas y más regulaciones para absolutamente todo lo que uno pueda llegar a imaginar y a veces incluso más. Sospecho que de aquí a unos años freír unos calamares en tu casa será un delito castigado con la cárcel. Tiempo al tiempo. La idea es irnos limitando, poco a poco. Esto es un proceso, porque la historia ha demostrado que los cambios bruscos y las revueltas llevan a ciertos sectores de la población a la disidencia.

Así llegamos a la nueva libertad; nuestra libertad. Somos tan solo libreconsumidores. Gente, personas, humanos incluso condenados a consumir. El cerco se va cerrando, y la prueba es que no se reforma el sistema educativo. A nadie le interesa. Primero porque eso no da votos en el corto plazo y segundo porque nuestro sistema libertario (de carcelario) no aceptará personas formadas. Gentes cultas y educadas con punto de vista propio. Con capacidad crítica y sobretodo con ganas de señalar los defectos no con el ánimo de insultar sino con la intención de corregirlos. No. En lugar de eso tenemos la tele, porno en Internet, fútbol, bares de copas, Harry Potter, legiones de universitarios que no saben hacer la o con un canuto y otros tantos, valerosos, criando malvas en algún culo de saco.

Premio al pelotero y arrastrado, al que pone el culo y nos pone a todos a su nivel. Podría cerrar con un “así nos va” y unos puntos suspensivos pero no. Podría ser también con un “ cada uno lo que se merece”, pero no. ¡Despierte! ¡Avive el seso dormido! ¡Sacuda el mantel de las migas de la estupidez! ¡Grite! ¡Cabalgue la verdadera libertad! ¡Salga del sueño, del suave letargo, de la duermevela de frío de cuchillo afilado! ¡Vuelva! ¡Vuelva España! ¡Vuelva la cordura, vuelva la razón! ¡Vuelva La Pepa, vuelva Don Miguel! ¡Vuelva! Vuelva tan solo un poco de sentido común, solo eso. ¡Camaradas, en pie! ¡Despertad, malditos, despertad!


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