martes, 2 de marzo de 2010

INSTINGTLY THINKING

Cuando pido un 31 sin huevo se me alegra el alma. Con huevo no es lo mismo, lo he comprobado. La yema explota sin previo aviso y chorrea por todas partes, empantanado con su sabor el lomo de marrano chino, el tranchete disfrazado de queso y el pimiento almeriense frito vuelta y vuelta. El secreto, todos lo saben, está en el pan. Normalmente ya llevo unas cañas encima cuando lo pido, por lo que cuando efectivamente me lo como, ya me he pimplado otras dos. Esto me da una perspectiva muy diferente del asunto además de cierta voracidad por lo que no me comporto como un gourmet precisamente. A dentelladas lo devoro, lo machaco a golpe de muela y lo trituro con ira canina mientras las cañas empujan los bolos alimenticios esófago abajo rumbo a la panza: objetivo bajo vientre y tormenta rectal. Así es la vida amigos; los asuntos humanos más urgentes e inmediatos se dilucidan siempre en esa zona del cuerpo. Uno nace, crece y se desarrolla en ese lugar familiarizándose ya con tripas, recipientes para líquidos y gases hasta que es expulsado al mundo exterior. Una vez fuera, la mayor parte del tiempo hasta que el azar, el tiempo o una instancia superior lo requiera y toquen las campanas a difunto, se dedica a resolver asuntos relacionados de forma directa o indirecta con el vientre y alrededores.

La eterna búsqueda para la satisfacción de ese territorio lleva al hombre a la cumbre y al abismo. Las grandezas y las miserias de esta raza se fundamentan en ese flujo de entrada y de salida. En esa fricción a veces malvada, gozosa las más. El hombre como el mundo tiene su propio campo magnético y de la misma manera que las líneas de fuerza fluyen del polo Sur al polo Norte, esto es: el ano y la boca, circulan sin cesar en torno a ese centro magnético unas fuerzas misteriosas, que lo hacen de igual manera sobre ese impulso vital escondido en el epicentro humano: abdomen, panza, bajo vientre, intestino, ano y uretra, depósito seminal y trompas de Falopio. Un jaleo de combinaciones alfanuméricas destinadas a la satisfacción mundana y a la procreación. Nuevos centros del mundo se extienden a cada instante tejiendo la tela de un nuevo sistema gravitatorio humano donde unos se atraen, otros se repelen y otros chocan y mueren.

Todo esto no lo pienso ni lo intuyo en el instante en que mis jugos estomacales se ceban con el lomo, montan la de San Quintín con el pimiento y transforman el pan en nutritivos almidones y azúcares. No, lo veo nítidamente sin tener que pensarlo. Lo veo por el hueco que queda en medio de la barra entre la cafetera y la caja registradora cuando manos viejas y arrugadas arrastran patatas al alioli hasta bocas de encías desgastadas. Lo observo en la mirada inquisidora proyectada sin disimulo de arriba abajo desde unas gafas viejas en dirección a un cuerpo de mujer, joven, atractivo, inmune todavía a la fuerza de la gravedad. Lo veo en pantalones apretados de mujer que embuten dos jamones que se pasean respingones de un lado a otro, de la barra a la tragaperras y del baño a la barra buscando provocar con un contoneo que sobrepasa la línea de la simple sugerencia. En escotes pronunciados y medias de colores, en rollitos y platos de jamón, en la cerveza de importación que el camarero esconde debajo de la barra y la sorbe a largos tragos cuando piensa que nadie le está mirando y en la mirada desconfiada del oriental que revisa cada cierto tiempo la caja y va sacando los billetes de 50 que utiliza después como señuelo para atraerse compañía.

Pan para los dientes de la gente sean estos de leche o postizos, pitos y chuflainas que andar tocando, entretenimientos de barra y alzada de miembro viril. Así pasan los días, así pasa el tiempo, dejando su fina capa de polvo que va perfilando el carácter de aquellos sobre los que se posa. Unos se resisten, otros se dejan llevar, otros ignoran por completo los sencillos mecanismos que hacen de timón en sus vidas, los frágiles cascarones que hacen de barco y los cambiantes vientos de los acontecimientos, que en ocasiones y de forma inesperada trastocan el rumbo establecido por lo cotidiano, la costumbre y el miedo al cambio.

sábado, 30 de enero de 2010

PSYCHOLOGICAL DEMOCRACY: DON´T BE A LOSER!

En nuestra bendita sociedad occidental, hijastra bastarda del protestantismo, todos conocemos la importancia que tiene el no ser un perdedor. Importancia que va más allá incluso de ser un triunfador. “Quizás yo no llegue a ser alguien importante en esta vida pero, ¡qué narices! un perdedor no soy.” Este aspecto de nuestra sociedad determinista, darwinista y por encima de todo competitiva no escapa al ojo observador de los políticos y sus ayudantes, consejeros, aguadores y aduladores. De la misma manera que en este país un individuo es hincha del equipo local y a la vez lo es o del Madrid o del Barcelona, este mismo individuo es presa fácil para las veleidades de Partido. Esto lo sabe el buen Demócrata y juega sus bazas de la mejor manera posible en su caza de votantes.

Vayamos por partes. Sabemos que hay varios tipos de votantes: unos son los que llaman de base o de ganado lanar que votarán a su Partido ocurra lo que ocurra. No les importa que les mientan, roben o engañen. Tienen tanta fe en sus símbolos, en sus letras y en sus himnos que son incapaces de ver la realidad. Con estos hay poco que rascar y se desaconseja en todo punto tratar de razonar con ellos. Tenemos también a aquellos que votan a partidos minoritarios aún a sabiendas de que nunca jamás van a conseguir representación en ninguna parte. A estos también les mueve la fe. No obstante se muestran abiertos al debate. Y finalmente tenemos a los indecisos en los cuales quisiera centrar mi atención aplicándoles el principio psicológico del “ganar o perder.”

Estos votantes son lo suficientemente vagos como para no tener una filiación política concreta a un Partido y más vagos aún como para pararse por unos instantes a pensar por sí mismos que opción es la más adecuada para el futuro de su país. Es aquí donde se pone toda la carne en el asador. ¿Por qué? Pues porque a estos no les mueve la política, la economía, la cultura o la política internacional. Ellos creen en una victoria. Viven con emoción los días previos a unas elecciones como si de la final de la Copa del Mundo se tratase. Hacen cábalas, cálculos y apuestas. Día tras día devoran las estadísticas de intención de voto y se ponen nerviosos cuando observan que la distancia entre un Partido y otro es de unas pocas décimas. La decisión es difícil. Y es que no quieren estar en el bando perdedor. No se por qué pero nunca nadie quiere. ¿Entendemos ahora los gritos encendidos desde el corazón de un mitin de campaña de “a ganar, a ganar, vamos a ganar”? ¿Entendemos esa eterna pregunta tras un debate televisado entre los principales candidatos? ¿Cuál cree usted que ha ganado?

El problema para un país es grave y es que es este grupo el que decide quién gobierna. En nuestro caso, España, lo cierto es que poco importa ya que aquí gobierna el Partido único. Esté quien esté en el poder poco cambiará. Pero no nos desviemos del tema. Es posible que todo se mueva en el ámbito del subconsciente, pero lo cierto es que estos individuos se dirigen a las urnas con la intención de votar a aquel Partido que piensan que va a ganar. ¿Es posible semejante comportamiento? Es más ¿es aceptable? Yo creo que no es aceptable y creo que, desgraciadamente, ocurre.

Imaginemos a estos señores la tarde del recuento de votos, repantigados en su sofá delante del televisor. De pronto aparecen los resultados definitivos: el Partido tal ha ganado las elecciones. La alegría en su rostro y en su corazón al saber que ha votado por el PARTIDO ganador, que esa victoria es en parte suya pues muy pronto el candidato electo le hará partícipe de ella, el orgullo con el que al día siguiente podrá decir a sus colegas en el bar que “ha ganado las elecciones” mirando con recochineo a los votantes lanudos del Partido perdedor. Y después, invariablemente, tras sentirse satisfecho consigo mismo y por el servicio prestado al país cambiará de canal para comprobar el resultado de la quiniela. Hasta dentro de cuatro años.

sábado, 16 de enero de 2010

DUMBNESS

Quizás no lo hiciese en público y fue tan solo una de esas cosas que se hablan con uno mismo y que no trascienden más allá de nuestra propia frontera, pero lo cierto es que me resulta verdaderamente complicado no volver a la carga y es que hay mucho por descargar. Ah, la humanidad: divino tesoro de inmundicias, alegrías, desgracias y grandezas. Pero seamos más precisos. Basta con echar una mirada a nuestro alrededor partiendo de esta sencilla premisa: la exposición continuada al ruido produce sordera crónica. Preguntad si no. La mayoría no os escuchará de verdad y la prueba definitiva de ello es que si les preguntáis a los pocos días acerca de qué estuvisteis hablando no se acordarán. ¿Problema de la memoria? No. Sordera crónica con variantes de tinitus y profundo estrangulamiento del caracol interno así como solidificación absoluta del tímpano. Recomendación médica: ¿higiene? No, aunque necesaria no es tratamiento para este gravísimo problema.

Pero ¿por qué? Pues es una cosa muy sencilla. En todo momento de nuestra vida estamos sometidos al ruido. Este no solo adopta una forma física: bocinas, música infame, gritos, máquinas, millones de pasos resonando a la vez por las aceras, el chirriar de los frenos de las bicicletas, el rumor de los mercados callejeros, el frufrú de las hojas de los árboles azotados por el viento mezclado con el retumbar de los cristales de las ventanas. No. Hay un ruido terriblemente ensordecedor que no solo nos deja sordos sino que nos agrieta el alma. Se introduce en nuestro cuerpo y abotarga nuestros sentidos, sumiéndonos en un suave letargo. Es ese ruido frío, necio y ladino que se cuela por todas partes. Un ruido que no entiende de decibelios ni de ondas hercianas. Este está preparado para entrar en nuestro cuerpo de múltiples formas: por nuestros ojos y oídos en forma de video, música, anuncio, publicidad o zafia propaganda; por nuestras manos al teclear códigos alfanuméricos y manejar aparatos de adiestramiento mental; por nuestra lengua al paladear sabores uniformes, iguales para todos y que para nada tienen en cuenta aquellas manos que lo elaboraron.

El asunto es más serio de lo que pueda parecer. Afecta sobretodo a aquellos cuya capacidad crítica y cuya habilidad para razonar se ha reducido a la mínima expresión, pero dando, no obstante, la fugaz sensación de que efectivamente estas habilidades se mantienen intactas. También puede suceder que a golpe de sordera ya no quieran ni escuchar y te suelten el discursito, bien aprendido e interiorizado como una jaculatoria sufí, y se queden allí sin atender a tus preguntas, desviando la atención para volver una y otra vez sobre lo mismo. Si, amigos se produce lo que es evidente: la comunicación humana se resiente. Ya no se dan intercambios de información, de emociones, de sensaciones de una forma natural y espontánea, sino que todo queda a merced de lo previamente establecido. Y esto ¿qué es? Pues ya lo sabéis. En realidad lo sabe todo el mundo. El problema es que no saben que de verdad lo saben por lo que de muy poco les sirve.

De esta manera las personas se van volviendo poco a poco sordas. Viejas y sordas. Esto les afecta también a la memoria y olvidan quienes son de verdad. Y lo que es peor: olvidan que para descubrirlo solo han de dialogar en lo profundo consigo mismos. Ciegos y sordos a esta realidad buscan torpemente en medio del inmenso ruido. Se vuelven irascibles, pierden el sentido del humor más genuino, se consideran superiores y caminan altivos despreciando a todo y a todos sin motivo alguno. Están tan encenegados que piensan que sólo ellos merecen el don de la vida y que todo lo que de terreno hay les pertenece por derecho propio. Talmente, embrutecidos, ensombrecidos, transmutados en carne meramente no sienten ni padecen a no ser que ese Ruido se lo ordene. En medio del vasto Huracán cotidiano el Hombre queda a su merced.

Pero no temáis pues hay esperanza. No sabemos si esta la reparte Dios, Ala, Buda, la verdad inmutable de lo que es solo cambio y nada más, la intensa legibilidad del Tao, el ánima mundi que otorga la vida a las fieras, al hombre, a las plantas y a las rocas o la simple voluntad del alma humana. No sabemos de que forma, pero mientras la semilla de la duda que de plantada, mientras existan orejas dispuestas a escuchar el canto del pájaro en la mañana, mientras queden preguntas sin respuesta, mientras la codicia, la envidia y la avaricia queden desterradas de una sola de las criaturas que pueblan la tierra y mientras haya paz en uno solo de los corazones de los hombres, quedará algo de esperanza. Y es que, queridos camaradas, no todo ha de ser desazón, malestar y mala sangre. Salud.

domingo, 20 de diciembre de 2009

THE PRICE WE PAY, THE SHIT WE BUY

Estimados camaradas: Ayer mismo y con motivo de estas fiestas que a unos gustan, a otros desagradan pero de las que todos en mayor o menor medida disfrutan, el gerente del Hotel me ha pedido personalmente que les haga llegar el siguiente comunicado que les transmito de forma íntegra. Saludos.

“ Como de costumbre, estoy borracho. Una nube de humo perfumado, de un suave olor a cereza y a brandy me envuelve mientras reconforto mis pies al calor de la chimenea. El jerez baja por mi garganta alegre y a paso vivo calentando mi estómago y en mis manos una pluma de milano mojada en tinta garabatea estas torpes líneas. Empecemos. El principio es siempre un buen lugar y lo primero es recordar que son todos unos malditos bastardos. ¿Quiénes? Ese lobby pseudodemocrático cuyo brazo armado son ni más ni menos que el contubernio establecido entre los medios de comunicación y el Sindicato Publicitario. Al frente de ellos está la clase política, que pone cara y culo para mantener los intereses de aquellos a los que sirven: la Conferencia Empresarial Internacional. Estos tres entes tienen organizado el control del Planeta causando hambre, frío, injusticia, muerte, destrucción e infelicidad en diversas proporciones según la zona donde se habite. Lo único cierto es que nadie está a salvo y es imposible escapar a su control. Esta vez tengo pruebas.”

“El primer paso es acabar con cualquier tipo de privacidad. Para ello es imprescindible que todo el mundo, rico o pobre, tenga un móvil y si es posible, dos. ¿Un mendigo de un slum de Bombay necesita teléfono móvil? No. ¿Lo tiene? Si. Necesitamos redes sociales, que la gente se organice para saber a qué se dedican, que cuelguen fotos, que cada uno se divierta a su manera. Cuantas más “tribus” urbanas y modas pasajeras mejor. Divide y vencerás. Y ellos vencen. ¿Cómo unir bajo la misma bandera a punks, nazis, neonazis, sharps, mods, rockers, freaks, roleros, pijos, hippies, antitaurinos, y un largo etcétera? No hay manera. Nosotros somos los muertos. Vigilados y constantemente bombardeados por anuncios, consignas y reclamos publicitarios los hombres se vuelven vagos, débiles y padecen flojera mental aguda.”

“Más pruebas de que todo es una pantomima. Michael Jackson la palma y copa todas las portadas durante meses, Tiger Woods se folla a todo lo que se mueve y lo mismo. ¿Esas noticias son tan importantes? No informan de nada interesante ni aportan nada nuevo. ¿Alguien saca tajada o simplemente distraen la atención? Secuestros de barcos en las costas de Somalia. Esos sucios piratas son mala gente, esa es la conclusión de fondo, útil para los políticos del turno que lo utilizan como arma arrojadiza para aparentar cierta confrontación (ellos lo llaman “sano debate democrático”), cuando todos sabemos que está todo previamente pactado. El caso Haidar, más de lo mismo. Lo de los toros en Cataluña, un despropósito. Y de la gripe A es mejor ni hablar no sea que se me contagie algo y acabe vomitando aquí mismo.”

“Pero mi favorito es Obama. El ejemplo más radiante de la alta traición, del engaño masivo y del control de masas. Allá donde va triunfa, como la cerveza. Zapatero de repente le adora y se traga como una puta el semen todo su antiamericanismo de serie B española. ¿Premio Nobel de la Paz? Es un escándalo. Pero seguir acumulando noticias no tiene más sentido. Creo que mi punto de vista queda bastante claro. Existe un sistema perfectamente orquestado cuyo único objetivo es mantenerse en el poder a cualquier precio. No son clasistas, ni racistas. Solo creen en la lealtad y en la gente de principios afines a los suyos. Gentes así están por todas partes y así los encontramos tanto en las altas esferas del poder como entre lo más bajo del proletariado. Con esta fuerza y esta inercia se mantiene un sistema en el que prima el conjunto sobre el individuo, de tal forma que todo es apariencia y mientras se habla de igualdad, justicia y fraternidad se aplica la fuerza para doblegar, la ley para justificar lo injustificable y la división para enfrentar a la gente y desviar la atención de los asuntos más importantes. Es este detour lo que mantiene a la sociedad en un estado de adolescencia e infantilismo constante en el cual los jóvenes quieren ser mayores muy pronto y se dedican a consumir drogas y los mayores a jugar a videoconsolas como si tuviesen 12 años. En ese estado de ansia y de necesidad constante son incapaces de darse cuenta de verdad de lo que está ocurriendo. Mediante un oscuro y extraño mecanismo psicológico poco conocido la mayoría de la gente es consciente de vivir en un medio manipulado, falso irreal y controlado por personas ajenas a su entorno, pero a la vez olvidan eso mismo a cada paso. Es una extraña forma de autogestión de la conciencia en función de lo que merece la pena tener en cuenta o no, si consideramos que la intención fundamental de la mayoría es ser feliz, aunque sea todo una mentira.”

“Estando así las cosas uso solo tiene ganas de mandar todo a tomar por el culo, pero como hoy, no se porqué, me siento positivo les diré que no queda más remedio que seguir. Por lo tanto alzo este licor y brindo por ustedes. A su salud. No me queda más que añadir que esto no es necia resignación. La lucha ha de continuar. Aunque sea esa lucha barojiana por la vida, ese dueto a capela con la muerte, esa desesperación en la mirada, pero el corazón siempre vigoroso y el alma alegre. Uníos camaradas y brindad por mi.”

jueves, 3 de diciembre de 2009

MOURNING, BLAMING, CURSING.

Vivimos en un país de quejicas. De llorones. Estentóreos lamentos de abominable sonido recorren de una punta a otra el país. O lo que queda de él. Unos se quejan porque tienen que trabajar y otros porque no tienen trabajo. A otros les jode que su jefe sea un cabrón y a otros que el funcionario de turno del INEM no tenga corazón. A otros les enfurece que pierda su equipo de fútbol, que a su mujer le haya afectado la dichosa gravedad en sus otrora gloriosos senos, que los servicios públicos dan asco y que los privados abusan, te roban, te timan y además se burlan de ti. En definitiva un jolgorio de no te menees. Todo son quejas y todo son problemas. Hijos de puta, que me hacéis hablar mal y todo, ¡espabilad de una vez! En este país entre la clase quejica, los nuevos ricos y la herencia católica, que pesa todavía como pesa la losa que cubre a Franco y que conduce a la mayoría a creer en la fuerza irremediable del destino y una clase asentada, agradecida, chupóptera, desacompasada, tirana, heredera del fascismo liberal y encubierta por la mejor de las ideologías que se haya inventado nunca para doblegar el espíritu del pueblo (esto es: la terrible mezcla de capitalismo inmoral y democracia insana) anda el patio siempre revuelto pero nunca pasa nada.

Pero claro ¡será que no tenemos entretenimiento! Entre la tiranía mediática que sodomiza nuestras seseras con sus vomitonas constantes de basura radioactiva. Radioactiva en nuestros cerebros. Enciende la tele a ver las noticias: crimen, violaciones, robos, asesinatos en directo, paro, estafas, muerte, dilapidaciones, noticias culinarias, desfiles de lencería sugerente y Cristiano Ronaldo y la madre que los parió a todos. Apaga la tele, cierra los ojos y dime si con semejante coctel de mierda uno puede vivir tranquilo. ¡Claro que no! Pero es que eso no es todo y hoy, queridos amigos, no voy a entrar en política. Es que los precios de las viviendas son de escándalo, las compañías de servicios de telefonía roban literalmente, las empresas escatiman a sus empleados en las nóminas justificándolo con la mala situación del mercado. Con una coyuntura en la que llevamos años instalados. La de reducir y reducir costes y producir y producir más. Miren, yo de economía no tengo ni puta idea, pero sí que sé que esto es del todo incompatible.

Diablos, entre tanta mierda ya me he perdido. Ya lo dije antes: país de quejicas. Y de burros, a los que llevan apaciblemente enseñándoles la Zanahoria Eterna, que nunca en la vida llegarán a probar. Es fácil: arriba y abajo. El problema es que muchos tienen la ilusión de que están donde en realidad no están y ese es el gran logro del Nuevo Régimen. Es todo apariencia, todo virtualidad, todo alegría y sobretodo grandes posibilidades y expectativas. Todo se puede lograr: grandes tetas, coches rápidos, sucedáneo de caviar, la vida eterna y una casa en Marina D´or. Pero cuando todo se derrumbe y nos veamos en pelotas en medio de la ventisca, a ver quién cojones se echa a reír. Esto de ventisca no tiene nada, es solo brisa estival.

La cuestión es que en realidad, como podéis muy bien comprobar, hay muchas más cosas que nos unen. Pero el Sistema ha pensado en todo, y para mantenernos enfrentados, conscientes ellos de que divide y vencerás y de que la unión hace la fuerza, han mantenido la dialéctica ideológica de principios del siglo XX con la intención de mantener abierto un debate estéril y completamente inútil. Y todos muerden con rabia ese anzuelo ponzoñoso. Necio y ponzoñoso. Con qué ardor, con qué pasión se picotea ese pan podrido. Pues eso. Tenemos ni más ni menos que los que nos merecemos porque individualmente podemos ser muy listos, pero en conjunto somos tontos de remate y las pruebas están sobre la mesa. ¿Cómo es posible que en España ni se haya abierto la posibilidad de una Huelga General? ¿Cómo es posible que con justificaciones económicas hayamos retornado a situaciones laborales más propias del XIX? Debemos de ser muy tontos. A mí ya solo me queda ese consuelo. Mal de muchos consuelo de tontos.

jueves, 19 de noviembre de 2009

SPEECH: ABOUT TIME!

Como Comisario General del Movimiento a Don Pedro Careno Tajos le llegó la hora de ponerse en pié ante los presentes en la sala, no sin antes recoger bien el dobladillo del pantalón, arrugar la frente y chascar la lengua con el paladar, para dar su bien aprendido discurso. No es mi intención recoger aquí sus palabras de forma íntegra pues daría para folios, folios y más folios. Nos ceñiremos a lo básico. En definitiva a lo que al día siguiente de ser pronunciado apareció en negrita o subrayado en todos los periódicos. Eso sí, en función de la tendencia de los mismos se resaltó de una forma o de otra. Nosotros evitaremos esa jugosa tentación y nos limitaremos a ser meros transmisores para que los lectores, avezados unos apoliyados otros, juzguen como crean conveniente.

“¿Qué es la Derecha? ¿Y la izquierda? Yo se lo voy a decir a ustedes. Las Derechas, como les gusta decir a muchos, y las Izquierdas, mucho más variopintas, son ni más ni menos que un conjunto de señores mejor o peor avenidos que dicen de sí mismos que son efectivamente de Izquierdas o de Derechas. Afirman categóricamente que siguen en su vida una serie de principios establecidos para mejor gobierno de la cosa pública y utilizo este término para no confundir y mezclar en esto a los republicanos. El problema entre unos y otros es que confunden eso de la cosa pública con la suya, la mía la de aquel, la de su primo y de la madre que los parió a todos. Yo os digo que el hombre que se proclama de uno o de otros no es más burro no porque no entrene, que lo hace, sino porque no se lo han permitido. Y es que con estas gentes es casi tan peligroso pasarse de listo como de tonto. Y con esto quiero decir que llega un momento en el que no se puede razonar con ellos. Momentos en que sus duras cabezas huecas se vuelven puro hormigón y ni con una radial dialéctica se podría llegar algún tipo de conclusión razonable, más todavía cuando lo razonable es un estado desconocido para ellos a no ser que responda a sus razones…”

“ Estos seres canijos en su humanidad, acobardados en su espíritu, apocopados en su intelecto y sobretodo podridos en lo más profundo y superficial de su corazón manejan nuestros destinos en función de hipótesis fácilmente refutables y establecidas con poco o ningún rigor. Tienen una forma muy curiosa de afrontar los problemas. Para ello utilizan una fórmula matemática en la que se pone en relación la popularidad, el número de votos en juego, la posibilidad de enriquecer a algún amigo o familiar y el riesgo de que salga mal. Tras la evaluación del riesgo ponen en marcha su tremenda máquina burocrática y empieza la solución. Ni se paran a pensar en el gasto. ¡Cómo ha de ser! Pues lo pagamos nosotros. Su único afán es ese. Este proceso es válido para los dos tipos de especímenes, y es que en asuntos de poder, las Derechas y las Izquierda se diluyen. Se confunden. Son ya solo un ente único. Un monstruo bicéfalo. Una criatura infernal puesta en nuestra tierra únicamente para darnos por el…”

“… os de puta. Eso es lo que son. Fabrican y producen sus leyes que salen de sus Instituciones como anillos para los puercos dueños y señores del poder y a la vez como collares con espinas para doblegar al pueblo. Esa gran falacia de que el pueblo gobierna ha de ser la primera en ser demolida. Pero no, camaradas, no me confundáis con aquel besugo de Bakunin ni con ese terrorista de Don Carlos por utilizar viejos términos de fraternidad. No dejéis que su propaganda os nuble la vista, enturbie vuestra mente, aturda vuestros corazones y cale en lo profundo de vuestro ser. Nuestro Movimiento no entiende de política, ni de Izquierdas ni de Derechas. Entiende de personas, de seres humanos, de ciudadanos con sus derechos y sus obligaciones, entiende en definitiva de Justicia Social, Eso, amigos compañeros es lo que esos canallas nos han quitado. La Justicia…”

“No me callaran, por mucho que se empeñen. Por muchos sobornos que intenten, por muchas campañas de desprestigio que lancen, extorsiones, amenazas y palizas. Tendrán que matarme. Pero de poco les servirá pues quedáis todos vosotros. Se que mis palabras vivirán en vuestra memoria y sobretodo en la tuya mi querido compañero de lucha Telesforo Camiaque. No tenemos ningún medio de comunicación a nuestro favor, peor para esos mecenas de lo infame, lo atroz y lo falso y mejor para nosotros. No tenemos representación en sus órganos de la Gobernación, peor para esos sátrapas, tunantes, ladrones y bárbaros herederos de las peores costumbres fenicias y mejor para nosotros. No tenemos formación política, ni libro de estilo, ni manual del militante, ni himno, ni bandera, ni logotipo. Pero tenemos lo mejor: la verdad de nuestro lado, la fortaleza en nuestro pecho, el poder de la razón y la idea de un nuevo amanecer, de una nueva sociedad. ¡Seguidme, seguidme todos juntos hacia la nueva Victoria! Venceremos y desbancaremos a esos cerdos, hijos de sus madres de oficios innobles…”

miércoles, 4 de noviembre de 2009

VEREDICT

El teniente del batallón de Castillejos Jorge Calero Vallezoso se había colocado allí donde la barra formaba un ángulo recto, de tal modo que no se sabía muy bien en que sección se encontraba, si en la zona sur o en la oeste. Esta sensación de no saber donde se encontraba en el espacio parecía encajar muy bien con su estado anímico. Durante las últimas semanas se había consumido en un mar de dudas, se había visto atrapado por una constante sensación de incertidumbre, una vaga impresión de que las cosas no iban por donde debían. O más bien que las cosas no eran como debían. Así, con la vista perdida, su nariz ganchuda perfilándose en el horizonte de un rostro sin relieve y sus finos labios apretados que dibujaban una perenne media sonrisa, el teniente se regalaba con una caña y una tostada de sobrasada con queso de cabra.

A su lado un hombrecillo de pelo de estropajo afectado de calvicie, sonrisa bobalicona y mirada vacuna soltaba una perorata infame acerca del mal estado de la educación en nuestro país. Que si el nivel es bajísimo, que si como puede ser que a un alumno que va a estudiar Filología Francesa se le obligue a estudiar matrices y derivadas y lo mismo pero al revés, o eso decía, en el caso de un futuro estudiante de Química. Por supuesto este personaje era profesor de instituto y agobiado por su trabajo había decidido tomarse unas cañitas con su buen amigo el teniente y de paso atacar uno de esos rollitos rellenos de repollo, carne picada y salsa agridulce.

El teniente parecía escuchar con atención la emotiva charla de su buen amigo, pero en realidad no le importaba lo más mínimo. Como en un extraño caso de desdoblamiento astral su mente divergía entre sus propias reflexiones y aquellas que le llegaban de otra parte de la barra. “ Es cierto, mucho ha cambiado en el ejército desde que quitaron el servicio militar obligatorio, y claro, la incorporación de la mujer…bueno, pues ha sido el espaldarazo definitivo para un cambio de estilo…un nuevo ejército se podría decir ” “ La nueva España te digo, ese es el futuro. Ese punto es innegociable y creo que estamos de acuerdo” “ Pero ¿qué papel jugamos hoy en día? Buff…y más todavía con la que se está liando últimamente…” “ No, te digo que ese no es el camino, no podemos fomentar el odio como única vía de reconciliación nacional, es necesario establecer la nueva vía de la Hermandad y eso solo lo lograremos con una nueva retórica nacional.” “ No puede ser que los políticos jueguen de esa manera con un estamento como el nuestro. Que si hay guerra, que si misión de paz, que si vamos a ayudar, que si no entramos en combate, que si mueren nuestros compañeros y amigos y aquí solo buscan votos, el tremendo gasto que supone y la crisis económica,…¡qué jaleo! ”.

De pronto el teniente alzó la cabeza y vio a dos jóvenes trasegando cañas y calamares fritos. El uno le increpaba al otro duramente, mientras que el que parecía más sensato y también menos bebido mantenía la compostura y seguía dando válidos argumentos a su razonamiento. “Perdona –dijo el teniente- ¿decís que en el ejército se pega?, porque eso es mentira” El tipo más borracho respondió “ No, hablábamos de la grave crisis social y cultural que azota nuestro país y nos preguntábamos quién de verdad está dispuestos a hacer algo y por lo que sabemos no se puede contar con el ejército” “Pero el ejército está para salvaguardar la integridad del territorio español y para ayudar a defender la justicia y la paz en el extranjero, y en eso cumple con su misión de forma impecable” El tipo sensato trató de razonar: “ Entiendo su posición caballero, y veo bien la función del ejército, pero sepa usted que España está en peligro. Y se lo digo porque a nadie le interesa ya nada de nada. La gente ha olvidado los sonetos de Quevedo, ya no se escucha El Amor Brujo, los ciudadanos se ven sometidos a las tropelías y los abusos de la Administración, de las empresas privadas, de la explotación laboral, del incremento de precios y a cambio se les da el soma de Huxley en forma de vanas diversiones, cortinas de humo y lecciones descafeinadas de moral y ciudadanía. Creo que ya es hora de que nos devuelvan lo que es nuestro. De cada uno esté en su sitio y una vez allí que rece a quién le de la real gana. Y para ello queremos reconstruirlo todo y nos preguntábamos que papel puede jugar el estamento militar en todo ello, más teniendo en cuenta que hoy en día se compone de sectores más moderados que impedirían la formación de un gobierno dictatorial, pero claro, chocamos con instituciones fáusticas como la Unión Europea, la carta de los Derechos Humanos y como no, las instituciones democráticas bien construidas para que los de siempre se perpetúen en un poder que no les pertenece pues no representan de ninguna manera el sentir general, y si me dice que sí que lo hacen pues son unas justas elecciones le diré que en general la gente no siente nada de nada”.

Visto lo visto el teniente decidió seguir la conversación por otros derroteros hasta que su amigo con el pelo de estropajo vació su vaso de un trago, pagó la cuenta y dando ligeros puntapiés a su compadre le sugirió largarse de allí cuanto antes. Es posible que incluso se le pasase por la cabeza llamar a la policía militar, pero eso no lo puedo garantizar. Se despidieron bruscamente, sin dar la mano ni intercambiar nombres y salieron a la calle. En su camino a casa el teniente empezó a verlo todo un poco más claro. Aquella velada había arrojado un poco de luz sobre sus dudas. Decididamente iba a dejar de frecuentar bares.

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