lunes, 5 de abril de 2010

BETWEEN CORRECTION AND EXPRESSION

Ahora que terremotos, crímenes, corruptelas políticas financiadoras de eternas francachelas y decoradas con ribetes de pitorreo institucional y que se sigue esperando con ansia una respuesta del tribunal constitucional que por lo visto dentro de una semana faltará una semana para que anuncien a voz en cuello cuando van a tomar una decisión, ahora, me tomaré la libertad de transmitirles un artículo redactado por uno de nuestros camaradas y que es de la más candente actualidad, pasen, lean y juzguen ustedes mismos:

“ No sería nada novedoso decir que hoy en día los medios de comunicación, embebidos ellos del espíritu moderno del progreso y embadurnados con el brillante barniz de la corrección política, son capaces de encumbrar a cualquiera al Olimpo democrático para luego dejarlos caer sin piedad alguna por el despeñadero de la infamia y observar desde lo alto como sus huesos se quiebran y su cuerpo rueda como una pelota de goma hasta desaparecer en lo profundo del abismo para ser rescatado tan solo de forma ocasional por los abanderados del sensacionalismo barato. Efectivamente no sería aportar nada. Cualquiera de nosotros a poco que se esforzase sería capaz de recordar decenas y decenas de casos de este tipo.”

“Yo hoy, en concreto, me acuerdo de uno bien reciente aunque sepultado ya por multitud de necios titulares y absurdas columnas de opinión de aquellos a los que les pagan por tener un punto de vista único y personal y que por ello se ven obligados a escribir numerosos disparates. Este caso es el del doctor Neira. Recuerdo bien como mientras este señor estaba en coma en el hospital, su mujer, Bibiana y compañía se ponían las botas de la indecencia para cabalgar el asno de la corrección política. Todos cantando a coro le declararon héroe de la Democracia, defensor de la mujer, encarnación viva (más bien sedada) de los más selectos principios democráticos, ejemplo a seguir, caballero andante, desfacedor de entuertos, desagraviador de agravios, luchador incansable, Héroe de la Unión de Repúblicas Hispánicas, y aleccionador de las Carmelitas Descalzas en lo que a cuestiones de solidaridad se refiere.”

“Con gran expectación se vivió el momento de la resurrección del héroe. Los periodistas con mayor olfato tuvieron que hacer noche en la puerta del hospital sobreviviendo a base bocatas de jamón y café de máquina. Los fotógrafos limpiaban sus objetivos esperando capturar un buen plano del héroe. Los grandes periódicos y las más prestigiosas revistas del cotorreo se jugaban a los chinos quién de ellos tendría el honor de ofrecer en exclusiva las primeras declaraciones del doctor. El día soñado llegó, acompañado de la habitual avalancha de reportajes, entrevistas, opiniones, loas, salves, remangamiento de mangas de chaleco, genuflexión mediática y demás pompa casi fúnebre, que a mí más me recordaba al nacimiento de alguno de los nietos del Rey.”

“Naturalmente los días pasaron y nuevas noticias copaban las portadas. A todo esto nadie decía que el supuesto agresor defendido por su supuesta víctima había estado todo este tiempo en la cárcel sin derecho alguno a réplica, satanizado y demonizado por los mismos valores que encumbraban a otro. Pero los días fueron pasando y se vio que Neira no cojeaba a causa de la agresión sufrida. No, cojeaba de su pié derecho y además estaba orgulloso de ello. Habría pagado hasta 10 euros por ver la cara de Bibiana al leer la última intervención del ilustre doctor. Lo cachondo de todo esto es que al buen doctor lo han dejado caer por el barranco de la infamia rumbo al olvido los garantes de la libertad y de la democracia, cuando este señor, más allá de lo acertado de su postura política, simplemente a hecho uso de la plataforma en que le pusieron para expresar su opinión, la cual sonaba a herejía en el entorno bien pensante y por ello es mejor fumigarlo y ponerle el sambenito de fascista y antidemócrata. Donde dije digo digo Diego y si te he visto no me acuerdo. Habría que enseñarles aquello de Santa Rita, Rita,…”

domingo, 14 de marzo de 2010

SPAIN? NOT YOU...

De pronto la sociedad del videojuego, la sociedad de lo falso, de lo irreal, de lo virtual, de lo supletorio, de lo fácilmente sustituible, del modelo de vida urbano, la sociedad de la mentira, la que conforma una civilización que vive en su gran mayoría a miles de años luz de la vida real entendiendo esto como el mundo, la tierra, el agua, la sociedad del compartirlo todo a costa de no tener nada, la sociedad de los individualistas y egoístas que tienen un pavor atroz a encontrarse en soledad, la sociedad cuyos individuos no pueden de ninguna manera estar solos sin hacer nada, la sociedad que necesita constantemente un estímulo externo sea este el que sea para no pensar ni por un solo instante, la sociedad que dio por malo el yo solo soy yo cuando estoy solo, la sociedad que a fuerza de estos comportamientos se ha olvidado ya de pensar, la sociedad que ya no sabe quién es porque no se acuerda de quién fue, la sociedad del desarraigo, la sociedad del todo vale, del yo tengo la razón, de la mala educación, del capitalismo multicultural, la sociedad de la indiferencia, de la rebeldía enlatada, la sociedad de la sopa boba, de pronto, decía yo, se acuerda de Miguel Delibes.

Lo que en esencia quisiera yo decir a este respecto es que si de verdad los representantes de nuestra sociedad hubiesen leído y entendido a Delibes, algo se les habría pegado y muchas cosas serían hoy en día muy diferentes. Esos cerdos lo han llevado a su plaza de toros para ponerse ellos la medalla. Qué gran labor esperar a que mueran los grandes hombres para luego besar las mieles laureadas de su éxito y acogotarlas en sus menudas seseras. Han institucionalizado la obra de un hombre libre llenándole de epítetos aduladores y colmándole de indulgencias sin recordar la locura que embargó al diputado que trató de convencer al señor Cayo de los beneficios de la democracia. Ah, el señor Cayo ya está muerto y ni tú ni yo recuperaremos ese mundo que ya se fue, que ya no volverá. Al hilo de lo que decía: que otro gallo habría cantado, pero ya sabemos que estas cosas siempre funcionan así y lo decente ahora es desenmascarar a aquellos miserables que cometen la bajeza de ponerse una careta y de adoptar la pose del erudito o peor aún, del respetuoso admirador.

Si estos mismos cejijuntos de orejas perforadas y gafas de pasta se encontrasen en mitad de la dehesa a ese señor de porte humilde escopeta en mano a la caza del tordo, se llevarían las manos a la cabeza, y, probablemente, acudirían a algún tipo de estrategia de provocación cuya única intención sería la de fastidiar e imponer su necia moral. Qué fácil es olvidar, que fácil ir a comprar al supermercado, que fácil es actuar siempre de acuerdo a “convicciones propias” monolíticas e inexpugnables que conducen al enfrentamiento y a la marginación del que no se adhiere a la nueva verdad. De eso no se habla porque no interesa elevar a un escritor y cazador al mismo lugar. Es necesario realizar una operación quirúrgica de propaganda para que a ese olimpo llegue el escritor pero nunca el cazador. Esta es la estúpida moral de nuestros tiempos. Visto lo visto me dan ganas de comprar una escopeta. Lo haré.

España entera es un clamor que se rinde ante lo que es evidente. Yo no diré nada que no se haya dicho ya, cada cual que agite su conciencia, retuerza su mente, avive su alma, apague el televisor, desconecte el aparato de música, tire el teléfono móvil por la ventana, corte los cables del fijo, cierre su sesión de Internet, quédese dando un portazo a solas en un rincón confortable y abra un libro, el que sea y lea, lea usted, desde aquí le animo a que lo haga. Es lo que puedo decir. Defender la literatura sin más porque los escritores ya lo hacen solos y las editoriales bien saben hacer su negocio, así que preocúpense ustedes de la literatura, pura, simple, llana, compleja, retorcida, ampulosa, hermosa y triste que llena las vidas de poesía de belleza, de sentido, que es a la vez fugaz, pasajera, ardiente, luminosa y permanente porque deja el sello imborrable de la esencia humana.

martes, 2 de marzo de 2010

INSTINGTLY THINKING

Cuando pido un 31 sin huevo se me alegra el alma. Con huevo no es lo mismo, lo he comprobado. La yema explota sin previo aviso y chorrea por todas partes, empantanado con su sabor el lomo de marrano chino, el tranchete disfrazado de queso y el pimiento almeriense frito vuelta y vuelta. El secreto, todos lo saben, está en el pan. Normalmente ya llevo unas cañas encima cuando lo pido, por lo que cuando efectivamente me lo como, ya me he pimplado otras dos. Esto me da una perspectiva muy diferente del asunto además de cierta voracidad por lo que no me comporto como un gourmet precisamente. A dentelladas lo devoro, lo machaco a golpe de muela y lo trituro con ira canina mientras las cañas empujan los bolos alimenticios esófago abajo rumbo a la panza: objetivo bajo vientre y tormenta rectal. Así es la vida amigos; los asuntos humanos más urgentes e inmediatos se dilucidan siempre en esa zona del cuerpo. Uno nace, crece y se desarrolla en ese lugar familiarizándose ya con tripas, recipientes para líquidos y gases hasta que es expulsado al mundo exterior. Una vez fuera, la mayor parte del tiempo hasta que el azar, el tiempo o una instancia superior lo requiera y toquen las campanas a difunto, se dedica a resolver asuntos relacionados de forma directa o indirecta con el vientre y alrededores.

La eterna búsqueda para la satisfacción de ese territorio lleva al hombre a la cumbre y al abismo. Las grandezas y las miserias de esta raza se fundamentan en ese flujo de entrada y de salida. En esa fricción a veces malvada, gozosa las más. El hombre como el mundo tiene su propio campo magnético y de la misma manera que las líneas de fuerza fluyen del polo Sur al polo Norte, esto es: el ano y la boca, circulan sin cesar en torno a ese centro magnético unas fuerzas misteriosas, que lo hacen de igual manera sobre ese impulso vital escondido en el epicentro humano: abdomen, panza, bajo vientre, intestino, ano y uretra, depósito seminal y trompas de Falopio. Un jaleo de combinaciones alfanuméricas destinadas a la satisfacción mundana y a la procreación. Nuevos centros del mundo se extienden a cada instante tejiendo la tela de un nuevo sistema gravitatorio humano donde unos se atraen, otros se repelen y otros chocan y mueren.

Todo esto no lo pienso ni lo intuyo en el instante en que mis jugos estomacales se ceban con el lomo, montan la de San Quintín con el pimiento y transforman el pan en nutritivos almidones y azúcares. No, lo veo nítidamente sin tener que pensarlo. Lo veo por el hueco que queda en medio de la barra entre la cafetera y la caja registradora cuando manos viejas y arrugadas arrastran patatas al alioli hasta bocas de encías desgastadas. Lo observo en la mirada inquisidora proyectada sin disimulo de arriba abajo desde unas gafas viejas en dirección a un cuerpo de mujer, joven, atractivo, inmune todavía a la fuerza de la gravedad. Lo veo en pantalones apretados de mujer que embuten dos jamones que se pasean respingones de un lado a otro, de la barra a la tragaperras y del baño a la barra buscando provocar con un contoneo que sobrepasa la línea de la simple sugerencia. En escotes pronunciados y medias de colores, en rollitos y platos de jamón, en la cerveza de importación que el camarero esconde debajo de la barra y la sorbe a largos tragos cuando piensa que nadie le está mirando y en la mirada desconfiada del oriental que revisa cada cierto tiempo la caja y va sacando los billetes de 50 que utiliza después como señuelo para atraerse compañía.

Pan para los dientes de la gente sean estos de leche o postizos, pitos y chuflainas que andar tocando, entretenimientos de barra y alzada de miembro viril. Así pasan los días, así pasa el tiempo, dejando su fina capa de polvo que va perfilando el carácter de aquellos sobre los que se posa. Unos se resisten, otros se dejan llevar, otros ignoran por completo los sencillos mecanismos que hacen de timón en sus vidas, los frágiles cascarones que hacen de barco y los cambiantes vientos de los acontecimientos, que en ocasiones y de forma inesperada trastocan el rumbo establecido por lo cotidiano, la costumbre y el miedo al cambio.

sábado, 30 de enero de 2010

PSYCHOLOGICAL DEMOCRACY: DON´T BE A LOSER!

En nuestra bendita sociedad occidental, hijastra bastarda del protestantismo, todos conocemos la importancia que tiene el no ser un perdedor. Importancia que va más allá incluso de ser un triunfador. “Quizás yo no llegue a ser alguien importante en esta vida pero, ¡qué narices! un perdedor no soy.” Este aspecto de nuestra sociedad determinista, darwinista y por encima de todo competitiva no escapa al ojo observador de los políticos y sus ayudantes, consejeros, aguadores y aduladores. De la misma manera que en este país un individuo es hincha del equipo local y a la vez lo es o del Madrid o del Barcelona, este mismo individuo es presa fácil para las veleidades de Partido. Esto lo sabe el buen Demócrata y juega sus bazas de la mejor manera posible en su caza de votantes.

Vayamos por partes. Sabemos que hay varios tipos de votantes: unos son los que llaman de base o de ganado lanar que votarán a su Partido ocurra lo que ocurra. No les importa que les mientan, roben o engañen. Tienen tanta fe en sus símbolos, en sus letras y en sus himnos que son incapaces de ver la realidad. Con estos hay poco que rascar y se desaconseja en todo punto tratar de razonar con ellos. Tenemos también a aquellos que votan a partidos minoritarios aún a sabiendas de que nunca jamás van a conseguir representación en ninguna parte. A estos también les mueve la fe. No obstante se muestran abiertos al debate. Y finalmente tenemos a los indecisos en los cuales quisiera centrar mi atención aplicándoles el principio psicológico del “ganar o perder.”

Estos votantes son lo suficientemente vagos como para no tener una filiación política concreta a un Partido y más vagos aún como para pararse por unos instantes a pensar por sí mismos que opción es la más adecuada para el futuro de su país. Es aquí donde se pone toda la carne en el asador. ¿Por qué? Pues porque a estos no les mueve la política, la economía, la cultura o la política internacional. Ellos creen en una victoria. Viven con emoción los días previos a unas elecciones como si de la final de la Copa del Mundo se tratase. Hacen cábalas, cálculos y apuestas. Día tras día devoran las estadísticas de intención de voto y se ponen nerviosos cuando observan que la distancia entre un Partido y otro es de unas pocas décimas. La decisión es difícil. Y es que no quieren estar en el bando perdedor. No se por qué pero nunca nadie quiere. ¿Entendemos ahora los gritos encendidos desde el corazón de un mitin de campaña de “a ganar, a ganar, vamos a ganar”? ¿Entendemos esa eterna pregunta tras un debate televisado entre los principales candidatos? ¿Cuál cree usted que ha ganado?

El problema para un país es grave y es que es este grupo el que decide quién gobierna. En nuestro caso, España, lo cierto es que poco importa ya que aquí gobierna el Partido único. Esté quien esté en el poder poco cambiará. Pero no nos desviemos del tema. Es posible que todo se mueva en el ámbito del subconsciente, pero lo cierto es que estos individuos se dirigen a las urnas con la intención de votar a aquel Partido que piensan que va a ganar. ¿Es posible semejante comportamiento? Es más ¿es aceptable? Yo creo que no es aceptable y creo que, desgraciadamente, ocurre.

Imaginemos a estos señores la tarde del recuento de votos, repantigados en su sofá delante del televisor. De pronto aparecen los resultados definitivos: el Partido tal ha ganado las elecciones. La alegría en su rostro y en su corazón al saber que ha votado por el PARTIDO ganador, que esa victoria es en parte suya pues muy pronto el candidato electo le hará partícipe de ella, el orgullo con el que al día siguiente podrá decir a sus colegas en el bar que “ha ganado las elecciones” mirando con recochineo a los votantes lanudos del Partido perdedor. Y después, invariablemente, tras sentirse satisfecho consigo mismo y por el servicio prestado al país cambiará de canal para comprobar el resultado de la quiniela. Hasta dentro de cuatro años.

sábado, 16 de enero de 2010

DUMBNESS

Quizás no lo hiciese en público y fue tan solo una de esas cosas que se hablan con uno mismo y que no trascienden más allá de nuestra propia frontera, pero lo cierto es que me resulta verdaderamente complicado no volver a la carga y es que hay mucho por descargar. Ah, la humanidad: divino tesoro de inmundicias, alegrías, desgracias y grandezas. Pero seamos más precisos. Basta con echar una mirada a nuestro alrededor partiendo de esta sencilla premisa: la exposición continuada al ruido produce sordera crónica. Preguntad si no. La mayoría no os escuchará de verdad y la prueba definitiva de ello es que si les preguntáis a los pocos días acerca de qué estuvisteis hablando no se acordarán. ¿Problema de la memoria? No. Sordera crónica con variantes de tinitus y profundo estrangulamiento del caracol interno así como solidificación absoluta del tímpano. Recomendación médica: ¿higiene? No, aunque necesaria no es tratamiento para este gravísimo problema.

Pero ¿por qué? Pues es una cosa muy sencilla. En todo momento de nuestra vida estamos sometidos al ruido. Este no solo adopta una forma física: bocinas, música infame, gritos, máquinas, millones de pasos resonando a la vez por las aceras, el chirriar de los frenos de las bicicletas, el rumor de los mercados callejeros, el frufrú de las hojas de los árboles azotados por el viento mezclado con el retumbar de los cristales de las ventanas. No. Hay un ruido terriblemente ensordecedor que no solo nos deja sordos sino que nos agrieta el alma. Se introduce en nuestro cuerpo y abotarga nuestros sentidos, sumiéndonos en un suave letargo. Es ese ruido frío, necio y ladino que se cuela por todas partes. Un ruido que no entiende de decibelios ni de ondas hercianas. Este está preparado para entrar en nuestro cuerpo de múltiples formas: por nuestros ojos y oídos en forma de video, música, anuncio, publicidad o zafia propaganda; por nuestras manos al teclear códigos alfanuméricos y manejar aparatos de adiestramiento mental; por nuestra lengua al paladear sabores uniformes, iguales para todos y que para nada tienen en cuenta aquellas manos que lo elaboraron.

El asunto es más serio de lo que pueda parecer. Afecta sobretodo a aquellos cuya capacidad crítica y cuya habilidad para razonar se ha reducido a la mínima expresión, pero dando, no obstante, la fugaz sensación de que efectivamente estas habilidades se mantienen intactas. También puede suceder que a golpe de sordera ya no quieran ni escuchar y te suelten el discursito, bien aprendido e interiorizado como una jaculatoria sufí, y se queden allí sin atender a tus preguntas, desviando la atención para volver una y otra vez sobre lo mismo. Si, amigos se produce lo que es evidente: la comunicación humana se resiente. Ya no se dan intercambios de información, de emociones, de sensaciones de una forma natural y espontánea, sino que todo queda a merced de lo previamente establecido. Y esto ¿qué es? Pues ya lo sabéis. En realidad lo sabe todo el mundo. El problema es que no saben que de verdad lo saben por lo que de muy poco les sirve.

De esta manera las personas se van volviendo poco a poco sordas. Viejas y sordas. Esto les afecta también a la memoria y olvidan quienes son de verdad. Y lo que es peor: olvidan que para descubrirlo solo han de dialogar en lo profundo consigo mismos. Ciegos y sordos a esta realidad buscan torpemente en medio del inmenso ruido. Se vuelven irascibles, pierden el sentido del humor más genuino, se consideran superiores y caminan altivos despreciando a todo y a todos sin motivo alguno. Están tan encenegados que piensan que sólo ellos merecen el don de la vida y que todo lo que de terreno hay les pertenece por derecho propio. Talmente, embrutecidos, ensombrecidos, transmutados en carne meramente no sienten ni padecen a no ser que ese Ruido se lo ordene. En medio del vasto Huracán cotidiano el Hombre queda a su merced.

Pero no temáis pues hay esperanza. No sabemos si esta la reparte Dios, Ala, Buda, la verdad inmutable de lo que es solo cambio y nada más, la intensa legibilidad del Tao, el ánima mundi que otorga la vida a las fieras, al hombre, a las plantas y a las rocas o la simple voluntad del alma humana. No sabemos de que forma, pero mientras la semilla de la duda que de plantada, mientras existan orejas dispuestas a escuchar el canto del pájaro en la mañana, mientras queden preguntas sin respuesta, mientras la codicia, la envidia y la avaricia queden desterradas de una sola de las criaturas que pueblan la tierra y mientras haya paz en uno solo de los corazones de los hombres, quedará algo de esperanza. Y es que, queridos camaradas, no todo ha de ser desazón, malestar y mala sangre. Salud.

domingo, 20 de diciembre de 2009

THE PRICE WE PAY, THE SHIT WE BUY

Estimados camaradas: Ayer mismo y con motivo de estas fiestas que a unos gustan, a otros desagradan pero de las que todos en mayor o menor medida disfrutan, el gerente del Hotel me ha pedido personalmente que les haga llegar el siguiente comunicado que les transmito de forma íntegra. Saludos.

“ Como de costumbre, estoy borracho. Una nube de humo perfumado, de un suave olor a cereza y a brandy me envuelve mientras reconforto mis pies al calor de la chimenea. El jerez baja por mi garganta alegre y a paso vivo calentando mi estómago y en mis manos una pluma de milano mojada en tinta garabatea estas torpes líneas. Empecemos. El principio es siempre un buen lugar y lo primero es recordar que son todos unos malditos bastardos. ¿Quiénes? Ese lobby pseudodemocrático cuyo brazo armado son ni más ni menos que el contubernio establecido entre los medios de comunicación y el Sindicato Publicitario. Al frente de ellos está la clase política, que pone cara y culo para mantener los intereses de aquellos a los que sirven: la Conferencia Empresarial Internacional. Estos tres entes tienen organizado el control del Planeta causando hambre, frío, injusticia, muerte, destrucción e infelicidad en diversas proporciones según la zona donde se habite. Lo único cierto es que nadie está a salvo y es imposible escapar a su control. Esta vez tengo pruebas.”

“El primer paso es acabar con cualquier tipo de privacidad. Para ello es imprescindible que todo el mundo, rico o pobre, tenga un móvil y si es posible, dos. ¿Un mendigo de un slum de Bombay necesita teléfono móvil? No. ¿Lo tiene? Si. Necesitamos redes sociales, que la gente se organice para saber a qué se dedican, que cuelguen fotos, que cada uno se divierta a su manera. Cuantas más “tribus” urbanas y modas pasajeras mejor. Divide y vencerás. Y ellos vencen. ¿Cómo unir bajo la misma bandera a punks, nazis, neonazis, sharps, mods, rockers, freaks, roleros, pijos, hippies, antitaurinos, y un largo etcétera? No hay manera. Nosotros somos los muertos. Vigilados y constantemente bombardeados por anuncios, consignas y reclamos publicitarios los hombres se vuelven vagos, débiles y padecen flojera mental aguda.”

“Más pruebas de que todo es una pantomima. Michael Jackson la palma y copa todas las portadas durante meses, Tiger Woods se folla a todo lo que se mueve y lo mismo. ¿Esas noticias son tan importantes? No informan de nada interesante ni aportan nada nuevo. ¿Alguien saca tajada o simplemente distraen la atención? Secuestros de barcos en las costas de Somalia. Esos sucios piratas son mala gente, esa es la conclusión de fondo, útil para los políticos del turno que lo utilizan como arma arrojadiza para aparentar cierta confrontación (ellos lo llaman “sano debate democrático”), cuando todos sabemos que está todo previamente pactado. El caso Haidar, más de lo mismo. Lo de los toros en Cataluña, un despropósito. Y de la gripe A es mejor ni hablar no sea que se me contagie algo y acabe vomitando aquí mismo.”

“Pero mi favorito es Obama. El ejemplo más radiante de la alta traición, del engaño masivo y del control de masas. Allá donde va triunfa, como la cerveza. Zapatero de repente le adora y se traga como una puta el semen todo su antiamericanismo de serie B española. ¿Premio Nobel de la Paz? Es un escándalo. Pero seguir acumulando noticias no tiene más sentido. Creo que mi punto de vista queda bastante claro. Existe un sistema perfectamente orquestado cuyo único objetivo es mantenerse en el poder a cualquier precio. No son clasistas, ni racistas. Solo creen en la lealtad y en la gente de principios afines a los suyos. Gentes así están por todas partes y así los encontramos tanto en las altas esferas del poder como entre lo más bajo del proletariado. Con esta fuerza y esta inercia se mantiene un sistema en el que prima el conjunto sobre el individuo, de tal forma que todo es apariencia y mientras se habla de igualdad, justicia y fraternidad se aplica la fuerza para doblegar, la ley para justificar lo injustificable y la división para enfrentar a la gente y desviar la atención de los asuntos más importantes. Es este detour lo que mantiene a la sociedad en un estado de adolescencia e infantilismo constante en el cual los jóvenes quieren ser mayores muy pronto y se dedican a consumir drogas y los mayores a jugar a videoconsolas como si tuviesen 12 años. En ese estado de ansia y de necesidad constante son incapaces de darse cuenta de verdad de lo que está ocurriendo. Mediante un oscuro y extraño mecanismo psicológico poco conocido la mayoría de la gente es consciente de vivir en un medio manipulado, falso irreal y controlado por personas ajenas a su entorno, pero a la vez olvidan eso mismo a cada paso. Es una extraña forma de autogestión de la conciencia en función de lo que merece la pena tener en cuenta o no, si consideramos que la intención fundamental de la mayoría es ser feliz, aunque sea todo una mentira.”

“Estando así las cosas uso solo tiene ganas de mandar todo a tomar por el culo, pero como hoy, no se porqué, me siento positivo les diré que no queda más remedio que seguir. Por lo tanto alzo este licor y brindo por ustedes. A su salud. No me queda más que añadir que esto no es necia resignación. La lucha ha de continuar. Aunque sea esa lucha barojiana por la vida, ese dueto a capela con la muerte, esa desesperación en la mirada, pero el corazón siempre vigoroso y el alma alegre. Uníos camaradas y brindad por mi.”

jueves, 3 de diciembre de 2009

MOURNING, BLAMING, CURSING.

Vivimos en un país de quejicas. De llorones. Estentóreos lamentos de abominable sonido recorren de una punta a otra el país. O lo que queda de él. Unos se quejan porque tienen que trabajar y otros porque no tienen trabajo. A otros les jode que su jefe sea un cabrón y a otros que el funcionario de turno del INEM no tenga corazón. A otros les enfurece que pierda su equipo de fútbol, que a su mujer le haya afectado la dichosa gravedad en sus otrora gloriosos senos, que los servicios públicos dan asco y que los privados abusan, te roban, te timan y además se burlan de ti. En definitiva un jolgorio de no te menees. Todo son quejas y todo son problemas. Hijos de puta, que me hacéis hablar mal y todo, ¡espabilad de una vez! En este país entre la clase quejica, los nuevos ricos y la herencia católica, que pesa todavía como pesa la losa que cubre a Franco y que conduce a la mayoría a creer en la fuerza irremediable del destino y una clase asentada, agradecida, chupóptera, desacompasada, tirana, heredera del fascismo liberal y encubierta por la mejor de las ideologías que se haya inventado nunca para doblegar el espíritu del pueblo (esto es: la terrible mezcla de capitalismo inmoral y democracia insana) anda el patio siempre revuelto pero nunca pasa nada.

Pero claro ¡será que no tenemos entretenimiento! Entre la tiranía mediática que sodomiza nuestras seseras con sus vomitonas constantes de basura radioactiva. Radioactiva en nuestros cerebros. Enciende la tele a ver las noticias: crimen, violaciones, robos, asesinatos en directo, paro, estafas, muerte, dilapidaciones, noticias culinarias, desfiles de lencería sugerente y Cristiano Ronaldo y la madre que los parió a todos. Apaga la tele, cierra los ojos y dime si con semejante coctel de mierda uno puede vivir tranquilo. ¡Claro que no! Pero es que eso no es todo y hoy, queridos amigos, no voy a entrar en política. Es que los precios de las viviendas son de escándalo, las compañías de servicios de telefonía roban literalmente, las empresas escatiman a sus empleados en las nóminas justificándolo con la mala situación del mercado. Con una coyuntura en la que llevamos años instalados. La de reducir y reducir costes y producir y producir más. Miren, yo de economía no tengo ni puta idea, pero sí que sé que esto es del todo incompatible.

Diablos, entre tanta mierda ya me he perdido. Ya lo dije antes: país de quejicas. Y de burros, a los que llevan apaciblemente enseñándoles la Zanahoria Eterna, que nunca en la vida llegarán a probar. Es fácil: arriba y abajo. El problema es que muchos tienen la ilusión de que están donde en realidad no están y ese es el gran logro del Nuevo Régimen. Es todo apariencia, todo virtualidad, todo alegría y sobretodo grandes posibilidades y expectativas. Todo se puede lograr: grandes tetas, coches rápidos, sucedáneo de caviar, la vida eterna y una casa en Marina D´or. Pero cuando todo se derrumbe y nos veamos en pelotas en medio de la ventisca, a ver quién cojones se echa a reír. Esto de ventisca no tiene nada, es solo brisa estival.

La cuestión es que en realidad, como podéis muy bien comprobar, hay muchas más cosas que nos unen. Pero el Sistema ha pensado en todo, y para mantenernos enfrentados, conscientes ellos de que divide y vencerás y de que la unión hace la fuerza, han mantenido la dialéctica ideológica de principios del siglo XX con la intención de mantener abierto un debate estéril y completamente inútil. Y todos muerden con rabia ese anzuelo ponzoñoso. Necio y ponzoñoso. Con qué ardor, con qué pasión se picotea ese pan podrido. Pues eso. Tenemos ni más ni menos que los que nos merecemos porque individualmente podemos ser muy listos, pero en conjunto somos tontos de remate y las pruebas están sobre la mesa. ¿Cómo es posible que en España ni se haya abierto la posibilidad de una Huelga General? ¿Cómo es posible que con justificaciones económicas hayamos retornado a situaciones laborales más propias del XIX? Debemos de ser muy tontos. A mí ya solo me queda ese consuelo. Mal de muchos consuelo de tontos.


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